martes, 4 de febrero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (VIII)




 
 

 La cultura material
El Castro de Vigo se caracteriza por haber proporcionado una inmensa cantidad de restos con los que estudiar su cultura material. Como sucede con el caso de las campañas arqueológicas, Hidalgo Cuñarro y sus colaboradores del Departamento de Arqueología del Museo “Quiñones de León” han ido elaborando a lo largo de los años un estudio minucioso y rigorista de gran parte de las piezas halladas. En el presente trabajo, al ser nuestro objetivo sustancialmente aproximativo, nos limitaremos a señalar los elementos más relevantes, intentando priorizar la interpretación histórica de cada objeto frente a la mera erudición técnica; la comprensión de la cultura material del castro, en definitiva, frente a la enumeración de datos.
Clasificaremos los restos materiales en las siguientes categorías: cerámica indígena o romana (fina o común), monedas, restos férreos, restos de bronce, restos de vidrio, líticos y restos faunísticos.
Cerámica
Sin lugar a dudas, el material más numeroso en el Castro de Vigo es la cerámica. Dentro de esta, destaca especialmente por su frecuencia la cerámica romana.
Cerámica Indígena
Como acabamos de decir, la cerámica indígena es la minoritaria en nuestro castro. Es la mayoritaria en los primeros niveles de ocupación, hasta que con el cambio de era comienza a predominar claramente la cerámica de importación romana. En la fase de transición, tenemos documentadas formas de cerámica indígena que imitan a las romanas (HIDALGO, 1999 A).
Dentro del material indígena, disponemos de los siguientes tipos de materiales: tapaderas, recipientes de asas interiores y de asas de oreja, ollas globulares de fondo plano, labio exvasado y perfil en S, y vasijas con “bordes marítimos” - con borde reforzado de sección triangular y decorado en su parte alta.
La decoración de esta cerámica indígena presenta diferentes técnicas, solas o combinadas entre sí. Los más frecuentes son los motivos estampillados (II y I a.C.): círculos concéntricos, círculos radiados, triángulos, rombos, SSS, ovales, etc. También está  documentada la decoración incisa: acanaladuras horizontales y verticales, grupos de líneas cortas rectas, verticales y oblicuas, dientes de lobo, meandros, etc. Como decoración bruñida destaca la famosa “retícula bruñida”, y como decoración plástica, los dibujos realizados a partir de botones cónicos y cordones de diferentes secciones.
Todas estas cerámicas pertenecen cronológicamente a los siglos II-I a.C. A partir de este momento, como ya habíamos adelantado, los tipos cerámicos y sus decoraciones pasarán a imitar abiertamente los gustos importados de Roma.
Cerámica Romana
Se puede documentar de forma fiable el comienzo de su presencia en el Castro de Vigo alrededor del siglo II a.C. Se trata de producciones de la Campania que llegan a Vigo indirectamente: a través del contacto comercial con otros puntos más meridionales. Con el auge de la importación, las cerámicas campanienses serán sustituidas por las sigillatas itálicas, y estas por las sigillatas gálicas, las hispánicas, las producciones africanas y las bizantinas (ya en la Antigüedad tardía).
Grosso modo, la cerámica romana puede dividirse en cerámica fina y cerámica común.
Nota.- En las fotografías y de arriba hacia abajo, cerámica marmorata, cerámica indíena y campaniense. 

lunes, 3 de febrero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (VII)




 

El sitio arqueológico.
 Estructuras arquitectónicas
             En las diversas excavaciones que han tenido lugar en el Castro de Vigo se han puesto al descubierto numerosas estructuras arquitectónicas aunque, como ya se ha dicho, no todo el monte ha sido excavado y gran parte de él ha sido dañado irremediablemente por la acción humana.
En la ladera noroeste del monte se pueden ver unas 45 estructuras, de tal manera que nos podemos hacer una idea de lo ampliamente poblado que debió estar el castro en sus momentos de mayor apogeo (HIDALGO y PEREIRA, 1999). El nivel más antiguo viene datado por un fondo de cabaña y por construcciones de piedra con muros curvos, de planta circular o elíptica. Más tarde hacen su aparición los muros rectos y plantas cuadradas o rectangulares. Se constatan, asimismo, canales y huecos excavados en roca que parecen ser silos para el almacenamiento de grano. Finalmente, encontramos estructuras pétreas de muros rectos y curvos de mala calidad que corresponden, en su mayoría, a pequeños muros o terrazas de contención.
Entre las estructuras más interesantes se encuentra una casa romana excavada en la campaña de 1983. Esta construcción tiene 5,5 m de lado y un pavimento en perfecto estado de conservación, por debajo del cual discurría un canal y una pileta cuadrada. El fondo de cabaña localizado en las excavaciones de 1986 también despertó mucho interés. Se trata de un espacio elíptico conseguido tras rebajar la roca base y del que se desconoce su longitud total (la anchura es de 3 m). Hacia el sur del espacio hay un hogar que se sitúa en un lugar más elevado y, opuesto a él, dos pequeños huecos de poste muy juntos y alineados. En los sondeos de 1988, por otro lado, se localizaron dos muros hechos con piedras de mediano tamaño. Uno de ellos es una estructura recta de 4,4 m de longitud y 60 cm de ancho y, el otro es, más bien, un sistema de aterrazamiento o de contención de tierras, del que no ha podido saberse su anchura y cuya longitud es de 2,8 m (HIDALGO y VIÑAS, 1997).
            Por tanto, durante el poblamiento indígena (II-I a.C.), los habitantes del Castro de Vigo vivían en casas de planta circular, con muros de piedra o fondos de cabaña, techo realizado con ramaje vegetal y suelo de tierra o arcilla. Todas las estructuras halladas cuentan con un hogar o lareira donde se cocinaban los alimentos y que estaba en el centro del castro o junto a una pared. Las características del hábitat galaico-romano de los siglos I al III d.C. son diferentes. Aparecen casas con una planta nueva, cuadrada o rectangular, y los tejados se cubren con tejas romanas, tegulae e ímbrice.

domingo, 2 de febrero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (VI)



 
 El Castro de Vigo: análisis del yacimiento
 Historia de la investigación
Los primeros hallazgos arqueológicos en el castro de Vigo datan de 1928. Se trata de descubrimientos accidentales, con motivo de la plantación de árboles en la zona NE de la cima del monte (HIDALGO, 1983). A partir de la localización de estos primeros indicios, la Diputación Provincial de Pontevedra designó una Comisión para que elaborase un informe sobre los restos y su posible relevancia científica. Se encargaron de esta investigación los reputados intelectuales A. Losada Diéguez, F. López Cuevillas y J. Filgueira Valverde, colaborando en la misma Castelao como dibujante.
En este momento, los materiales procedentes de los primeros hallazgos fortuitos se encontraban dispersos en diferentes instituciones de carácter público o privado, como  el Instituto Nacional de Vigo, el Ateneo de Vigo, el Colegio de los Padres Jesuitas, el Colegio de los Hermanos Maristas o la colección particular de D. Agustín Tenreiro Mulder, con lo que estos primeros investigadores del castro de Vigo veían dificultado su estudio sistemático.
En 1929 visita el yacimiento el prestigioso prehistoriador Hugo Obermaier, realizando una pequeña prospección en la que detecta nuevos materiales y estructuras. Algunos años más tarde, en 1941, el estudioso vigués Pedro Díaz recogió en la vertiente oriental del yacimiento algunos restos arqueológicos más, depositados en un museo escolar del Colegio Mazquita de Vigo, y en el Museo Provincial de Pontevedra- aumentando la expectación ante las posibilidades del castro.
En la década siguiente se inician las excavaciones en el monte –campaña de 1952- bajo la dirección de J. M. Álvarez Blázquez, el Delegado local de Excavaciones por aquel entonces. Esta primera excavación se localiza en la falda NO del monte, que va a ser el área que se continúe excavando en las sucesivas campañas arqueológicas de este yacimiento vigués. A finales de la década de los 60, de forma paralela a las excavaciones, investigadores como el ya citado Pedro Díaz van estudiando los materiales.
En 1970 se inicia otra campaña de excavación, continuando los descubrimientos de construcciones castreñas, muros y materiales. Desde la primera campaña de 1952 y durante la década de los 70, se sumará al proyecto de investigación Ángel Ilarri Gimeno, el Conservador del Museo Municipal “Quiñones de León”, dando así comienzo la estrecha vinculación que unirá al museo con la investigación arqueológica del Monte del Castro en los años sucesivos.
En 1981 se reanudan las excavaciones, esta vez mediante el método de excavación en área, comenzando la fase de estudio más sistemática del yacimiento. Se ocupa ya del castro el Departamento de Arqueología del museo citado. Desde esta fecha, el director de las diferentes campañas será José Manuel Hidalgo Cuñarro, autor de la mayoría de las publicaciones científicas que en relación al castro se pueden consultar hoy en día. Como ya indicábamos en la introducción, a él tenemos que agradecerle personalmente la privilegiada visita guiada que nos permitió conocer el yacimiento “in situ” y comprender de forma más completa las intervenciones desarrolladas anualmente entre 1981 y 1985.
Las campañas dirigidas por Hidalgo Cuñarro nacieron con el objetivo de limpiar y consolidar las estructuras ya desenterradas, a la vez que se realizaban una serie de cortes para intentar establecer una secuencia estratigráfica. Se comenzó a excavar la ladera Noroeste, en la zona adyacente a las llevadas a cabo anteriormente. En 1982, se unieron las dos zonas, que estaban separadas por un espacio de unos 22 metros desde la campaña de 1981. Fruto de estos años, se descubrieron unas 45 estructuras pétreas y una ingente cantidad de material, tanto cerámico, como de bronce o de hierro (HIDALGO, DOMÍNGUEZ y RODRÍGUEZ, 1997). La estratigrafía presentó los niveles de ocupación mencionados en la contextualización del yacimiento, con cronologías desde el siglo II a.C. hasta finales del siglo III d.C.
Durante los años 1987 y 1988 se llevaron a cabo cerca de 100 sondeos por toda la superficie del monte, en especial en la zona alta y la ladera Este, para detectar por dónde se extendía el yacimiento y evaluar las condiciones en las que se encontraba. Surgió en este momento la hipótesis de que la extensión del poblado abarcaría originalmente la cima del monte, ocupando progresivamente las laderas a medida que crecía la población (HIDALGO, 1999 A).
Desde 1988, año de las últimas actividades arqueológicas en el Castro de Vigo, se dará un proceso continuo de degradación de su entorno, aproximándose poco a poco a la pésima situación de conservación que lo caracteriza en la actualidad, de la que hablaremos más adelante.



sábado, 1 de febrero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (V)




 

Contexto cultural
El yacimiento objeto de nuestro estudio se inscribe en la cultura castreña, por lo que consideramos oportuno, para comprenderlo de forma óptima, hacer una breve aproximación a los elementos fundamentales de ésta. No se trata aquí de hacer una síntesis interpretativa de los conocimientos que en la actualidad se tienen sobre dicha cultura, sino tan sólo de dibujar un marco que facilite posteriormente nuestra aprehensión del Castro de Vigo. Ha de ser ese marco, necesariamente, esquemático y generalista.
Podemos comenzar diciendo que la definición de la cultura castreña gira entorno a tres aspectos básicos: el tipo de yacimiento, el espacio y el tiempo.
El tipo de yacimiento propio de esta cultura es el castrum, un asentamiento fortificado situado en un lugar elevado sobre el terreno, que destaca sobre el paisaje aunque no esté excavado. Puede situarse en zonas altas, llanas, costeras, interiores… Se trata de una tipología de asentamiento que no es exclusiva del noroeste peninsular, pero que presenta en el territorio de la antigua Gallaecia algunos rasgos particulares, relativos a su cronología y a su cultura material específicas.
Cronológicamente, los límites de la cultura castreña del área galaica suelen establecerse entre los siglos IX a.C. y I d.C., siendo reocupados hasta los inicios de la Edad Media (CARBALLO, 2000). Dentro de esta horquilla temporal, los especialistas matizan la evolución de esta cultura en diferentes fases. Aunque existen diferentes propuestas secuenciales, la mayoría coinciden en dividir la cultura castreña en cuatro períodos sucesivos, además de compartir algunos elementos definitorios básicos. Siguiendo a Caamaño Gesto, podemos abstraer sus puntos en común como sigue:

Habría una Fase Inicial que abarcaría desde finales de la Edad de Bronce (finales del siglo IX a.C o principios del VIII a.C.) hasta el siglo IV a.C. Sus principales características serían las construcciones hechas de materiales perecederos (reconstruíbles a partir de los fondos de cabaña) y de planta circular. El nacimiento de la cultura castreña en cuanto tal habría que entenderlo en el contexto global de intensificación de la complejidad social, incremento demográfico, transformaciones tecnológicas y reordenación de los círculos de poder en el continente europeo.
La Segunda Fase de la cultura castreña comenzaría a mediados del milenio, entorno al siglo IV a.C. hasta el último tercio del siglo II a.C. En sus construcciones ya se combinan los materiales perecederos con estructuras pétreas. Se mantiene la planta circular, y la cultura material empieza a documentar contactos comerciales con el sur peninsular, sobre todo en las zonas costeras: aparecen, por ejemplo, cerámicas  de origen púnico o griego. En este momento cultural aparecen también los hogares o lareiras en el centro de las construcciones.
La Tercera Fase de la cultura castreña daría comienzo alrededor del año 137 a.C., cuando se produce la expedición de Decimus Iunius Brutus contra los galaicos, comienzo de la presencia romana en la Gallaecia: se documentaron niveles de destrucción violenta correspondientes al s. I a.C. en la zona meridional de este territorio. El final de la etapa habría que situarlo en la segunda mitad del siglo I d.C., con las reformas flavias. En este momento continúan las relaciones comerciales con el sur, como atestiguan los materiales: cerámicas campanienses de época repulicana, primeros testimonios numismáticos procedentes de cecas del sur peninsular y aparición de los molinos circulares, que pasan a convivir con los barquiformes preexistentes.
La Cuarta Fase se corresponde ya con una cultura castreña romanizada, el mundo galaico-romano. Sus características principales son la aparición de construcciones cuadradas u ovaladas (aunque las circulares no desaparecen), y de dependencias anexas a las viviendas. Se produce una intensificación del comercio de importación, que se traduce en la presencia de cerámica fina o de mesa (son muy abundantes los restos de terra sigillata), a la par que la cerámica común o de cocina. La cerámica campaniense deja de documentarse, al haber cesado su fabricaciñon.
Esta fase ve también el despertar de la plástica castreña (aparece la escultura y la decoración arquitectónica), mientras se hispotasía la escala urbanística, como evidencian las dimensiones de la Citania de Briteiros. Algunos castros se abandonan en este momento, creándose otros nuevos para agrupar a sus poblaciones. Monte Mocinho, en el norte de Portugal, sería un buen ejemplo de este proceso.

De acuerdo con el marco que acabamos de dibujar, habría que situar al Castro de Vigo entre las fases II-IV de la cultura castreña, desde su nivel castreño –el castro que nos ocupa estaría habitado por los heleni, según las fuentes clásicas- hasta la fase ya galaico-romana.

Por último, para una mayor comprensión del sitio arqueológico que pretendemos analizar, conviene que expongamos de forma muy breve los principales yacimientos que lo rodean. El Valle del Fragoso concentra un gran número de poblados castreños, en concreto 27, de entre los cuales destacan, en primer lugar, el Castro de Vigo y, en segundo, el Monte da Guía. Muchos de ellos están bastante modificados y no han sido excavados sistemáticamente, por lo que existen problemas para datarlos con exactitud.
            El castro de Torres de Padín y el de Toralla, excavados también por Hidalgo Cuñarro, son los que tienen una cronología más antigua, pues se retrotraen hasta la fase inicial de la cultura castreña. No obstante, el abandono de estos castros también se va a producir antes, datándose hacia mediados del siglo I de nuestra era. Aun así, todos los castros de este valle van a experimentar algún contacto o proceso de romanización.
A partir del s. I d.C. entramos ya en época romana, distinguiéndose dos fases en la evolución de los castros (HIDALGO y RODRÍGUEZ, 1997). En el primer periodo (ss.I-II d.C.), los castros se reducen a ocho y aparece un incipiente núcleo poblacional de Vicus Helleni en el Castro de Vigo, así como un embarcadero. En el segundo periodo (ss.III-V d.C.), se abandonan definitivamente los castros y nace la ciudad de Vigo ligada a los intercambios comerciales que se realizan en el puerto y a las villae costeras.
Por tanto, la densidad castreña en este área es bastante alta comparada con otras zonas de Galicia analizadas, lo que nos vuelve a poner de manifiesto la importancia de este valle. Además, por toda la zona se han encontrado cerámicas de importación que nos hablan de un floreciente comercio marítimo, así como de una gran dedicación a las labores agropecuarias y de explotación del medio marino.

Una vez contextualizado dentro de la cultura castreña, podemos introducirnos en el análisis del yacimiento en sí, a partir de la abundante bibliografía que nos ha proporcionado al respecto la historia de la investigación-


viernes, 31 de enero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (IV)




 

El Castro de Vigo: contextualización geográfica y cultural
Datación tópica y cronológica
 El castro que nos ocupa se encuentra dentro del Valle del Fragoso, en el extremo suroccidental de la provincia de Pontevedra, integrado por una veintena de parroquias englobadas en el término municipal de Vigo.
 Se trata de un valle abierto hacia el mar, bañado por las aguas de la ría de Vigo, la más meridional de las Rías Bajas gallegas y la de mayor longitud (HIDALGO y PEREIRA, 1999). Su situación estratégica hace de la zona un lugar muy favorable para los contactos marítimos a la vez que para el comercio con las zonas del interior: el terreno facilita las rutas terrestres y las fluviales. Su orografía quebrada, constituida por alturas de 300 metros de media, establece una frontera natural entre Vigo y los municipios de Nigrán, Redondela o Mos.
 El clima del Fragoso es benigno, suave y húmedo, propiciando un suelo abundante en vegetación y fértil para el cultivo: los inviernos son tibios (con una temperatura media de 10º) y los veranos ligeramente calurosos (20º), con una amplitud térmica anual bastante débil, de unos 10º. El volumen anual de agua caída es bastante alto -superior a 1.000 mm- y el número de días de lluvia al año, elevado; todos los meses registran alguna precipitación (HIDALGO, 1987 A).

El Castro se emplaza en el centro de la ciudad de Vigo, en el denominado Monte do Castro, cuya cota más alta se sitúa hacia los 147 metros sobre el nivel del mar.
Sus coordenadas geográficas son: 08º 43’ 30’’ longitud occidental y 42º 14’ 00’’ latitud septentrional, de acuerdo con los datos del Instituto Geográfico Nacional que se presentan en la hoja 223 del Mapa Topográfico Nacional, correspondiente a Vigo; escala 1: 50.000; y fotografía aérea número 13.345, rollo 145 del vuelo nacional 1956-57 del Servicio Geográfico del Ejército, escala aproximada 1:30.000 (HIDALGO, 1983).
Se cree que el poblado castreño debió abarcar todo el perímetro del monte, aunque en la actualidad, debido a las múltiples modificaciones antrópicas que ha sufrido el lugar a lo largo de los siglos, resulta imposible trazar su contorno primitivo: se desconocen las dimensiones de su recinto y su sistema defensivo, y tampoco se puede saber si poseía terrazas de expansión (HIDALGO y PEREIRA, 1999). Las principales transformaciones físicas del yacimiento fueron consecuencia del levantamiento de una fortaleza en el siglo XVII (conocida como “el Castillo”), que ocupa en la actualidad la cima del monte.
La cronología del Castro de Vigo iría desde el siglo II a.C. hasta el III d.C., distinguiéndose claramente tres niveles de ocupación, en los que destacan un primer nivel indígena, hasta el siglo I a.C, y un segundo nivel galaico-romano, a partir del cambio de era. El momento de mayor auge del poblamiento se correspondería con el de la primera mitad del siglo I d.C.

jueves, 30 de enero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (III)




 
 Introducción
El presente trabajo supone, por nuestra parte, el primer contacto con la investigación arqueológica, aunque se trate, por otro lado, de una aproximación fundamentalmente bibliográfica. Es por ello que lo aquí expuesto no supone más que un estado de la cuestión acerca de las investigaciones arqueológicas del Castro de Vigo, sin pretensiones de llegar a nuevas aportaciones y/o interpretaciones.
            El Castro de Vigo jugó un importante papel a comienzos de la era cristiana, actuando incluso como centro comercial y económico de los territorios circundantes, por lo que su investigación ha sido una pieza básica en el conocimiento de las sociedades galaico-romanas. El interés por conocer nuestra historia más próxima, geográficamente hablando, nos ha llevado a elegir este Castro como objeto de estudio.
            Además, la cercanía al mismo nos ha permitido ir más allá de la aproximación bibliográfica y visitar el Castro, así como el Museo en el que se exponen los restos allí encontrados. Las conclusiones que hemos podido extraer de estas visitas, como veremos, ocupan una parte importante del trabajo. Asimismo, vaya por delante nuestro agradecimiento al señor Hidalgo Cuñarro, quien nos guió voluntariamente por el castro que él mismo excavó desde hace más de veinte años.
            El objetivo de esta primera aproximación es familiarizarnos con las formas de presentar un trabajo de investigación y ponernos en contacto con las publicaciones arqueológicas. De esta bibliografía podemos extraer las diferentes metodologías empleadas por los autores, los modos de presentar la información, las técnicas y dificultades de la excavación, las distintas interpretaciones y todo aquello que forma parte del quehacer del arqueólogo.

            Estas páginas, pues, constituyen básicamente un trabajo de recopilación de las distintas investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Castro de Vigo, siendo las obras de Hidalgo Cuñarro nuestro apoyo más recurrido. Aun así, las diferentes visitas realizadas nos han permitido tener otra perspectiva con la que confrontar los datos de los autores y completar nuestro análisis.
            Teniendo en cuenta todos estos aspectos, hemos decidido presentar nuestro trabajo dividido en siete puntos. El cuerpo del trabajo se corresponde con los cuatro primeros: introducción, contexto geográfico-cultural del yacimiento, sitio arqueológico del Castro de Vigo y conclusiones. En el segundo punto tratamos de reunir todo lo referido al contexto del Castro antes de pasar a su estudio en profundidad. Por ello, es dentro de este epígrafe donde lo situamos geográfica, cronológica y culturalmente.
            El punto número tres se dedica en exclusiva al análisis del sitio arqueológico, incluyendo la historia de su investigación, los restos allí encontrados y su estado actual y problemática. Tras pasar revista a las sucesivas excavaciones realizadas en el Castro, en el estudio del yacimiento incluimos tanto las estructuras arquitectónicas como los diferentes aspectos de la cultura material. Se trata pues de analizar todos los restos hallados y las diferentes interpretaciones que se han extraído de ellos, para acabar el punto estableciendo cuál es el estado actual del yacimiento y de sus restos a la luz de lo observado en el Castro y en el Museo Municipal de Vigo.
            Las conclusiones constituyen, fundamentalmente, nuestra valoración e interpretación del sitio arqueológico del Castro de Vigo y del Museo Quiñones de León. En el punto cinco, el anexo, se incluye todo el material gráfico que complementa nuestro trabajo, ya sean planos o mapas del yacimiento, ya sean fotografías del mismo o de los materiales allí encontrados, mientras que el punto seis recoge un breve glosario con algunos de los términos más técnicos que se han empleado. El punto siete, la bibliografía, reúne ordenadas alfabéticamente todas las obras consultadas.

            En cualquier caso, nuestro trabajo deja la puerta abierta a muchas investigaciones posteriores. La mayor parte del sitio arqueológico del Castro de Vigo todavía no ha sido excavado, por lo que la información que aquí exponemos está sujeta a más que probables variaciones. Aún así, constituye una ayuda para los que vengan detrás, puesto que sintetiza lo que hasta el día de hoy han aportado las investigaciones realizadas en este Castro.



miércoles, 29 de enero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (II)




 
 

Introducción
El presente trabajo supone, por nuestra parte, el primer contacto con la investigación arqueológica, aunque se trate, por otro lado, de una aproximación fundamentalmente bibliográfica. Es por ello que lo aquí expuesto no supone más que un estado de la cuestión acerca de las investigaciones arqueológicas del Castro de Vigo, sin pretensiones de llegar a nuevas aportaciones y/o interpretaciones.
            El Castro de Vigo jugó un importante papel a comienzos de la era cristiana, actuando incluso como centro comercial y económico de los territorios circundantes, por lo que su investigación ha sido una pieza básica en el conocimiento de las sociedades galaico-romanas. El interés por conocer nuestra historia más próxima, geográficamente hablando, nos ha llevado a elegir este Castro como objeto de estudio.
            Además, la cercanía al mismo nos ha permitido ir más allá de la aproximación bibliográfica y visitar el Castro, así como el Museo en el que se exponen los restos allí encontrados. Las conclusiones que hemos podido extraer de estas visitas, como veremos, ocupan una parte importante del trabajo. Asimismo, vaya por delante nuestro agradecimiento al señor Hidalgo Cuñarro, quien nos guió voluntariamente por el castro que él mismo excavó desde hace más de veinte años.
            El objetivo de esta primera aproximación es familiarizarnos con las formas de presentar un trabajo de investigación y ponernos en contacto con las publicaciones arqueológicas. De esta bibliografía podemos extraer las diferentes metodologías empleadas por los autores, los modos de presentar la información, las técnicas y dificultades de la excavación, las distintas interpretaciones y todo aquello que forma parte del quehacer del arqueólogo.

            Estas páginas, pues, constituyen básicamente un trabajo de recopilación de las distintas investigaciones arqueológicas llevadas a cabo en el Castro de Vigo, siendo las obras de Hidalgo Cuñarro nuestro apoyo más recurrido. Aun así, las diferentes visitas realizadas nos han permitido tener otra perspectiva con la que confrontar los datos de los autores y completar nuestro análisis.
            Teniendo en cuenta todos estos aspectos, hemos decidido presentar nuestro trabajo dividido en siete puntos. El cuerpo del trabajo se corresponde con los cuatro primeros: introducción, contexto geográfico-cultural del yacimiento, sitio arqueológico del Castro de Vigo y conclusiones. En el segundo punto tratamos de reunir todo lo referido al contexto del Castro antes de pasar a su estudio en profundidad. Por ello, es dentro de este epígrafe donde lo situamos geográfica, cronológica y culturalmente.
            El punto número tres se dedica en exclusiva al análisis del sitio arqueológico, incluyendo la historia de su investigación, los restos allí encontrados y su estado actual y problemática. Tras pasar revista a las sucesivas excavaciones realizadas en el Castro, en el estudio del yacimiento incluimos tanto las estructuras arquitectónicas como los diferentes aspectos de la cultura material. Se trata pues de analizar todos los restos hallados y las diferentes interpretaciones que se han extraído de ellos, para acabar el punto estableciendo cuál es el estado actual del yacimiento y de sus restos a la luz de lo observado en el Castro y en el Museo Municipal de Vigo.
            Las conclusiones constituyen, fundamentalmente, nuestra valoración e interpretación del sitio arqueológico del Castro de Vigo y del Museo Quiñones de León. En el punto cinco, el anexo, se incluye todo el material gráfico que complementa nuestro trabajo, ya sean planos o mapas del yacimiento, ya sean fotografías del mismo o de los materiales allí encontrados, mientras que el punto seis recoge un breve glosario con algunos de los términos más técnicos que se han empleado. El punto siete, la bibliografía, reúne ordenadas alfabéticamente todas las obras consultadas.

            En cualquier caso, nuestro trabajo deja la puerta abierta a muchas investigaciones posteriores. La mayor parte del sitio arqueológico del Castro de Vigo todavía no ha sido excavado, por lo que la información que aquí exponemos está sujeta a más que probables variaciones. Aún así, constituye una ayuda para los que vengan detrás, puesto que sintetiza lo que hasta el día de hoy han aportado las investigaciones realizadas en este Castro.