domingo, 22 de febrero de 2009

MATERIALES ARQUEOLÓGICOS DEL CASTRO DE VIGO (IV)


2.2. Cerámica común

Este tipo de cerámica se puede analizar muy sin­téticamente, englobándola en tres grupos: de coci­na, de mesa y para guardar y transportar provisio­nes. Mención aparte merecen las pesas de telar y al­gunas «tegulae» recogidas.

La cerámica de cocina nos muestra gran varie­dad de ollas con borde vuelto hacia afuera (algunas con ranura en el mismo, para ajuste de su tapa);cuencos con borde horizontal y con visera; platos de borde engrosado; platos de borde bífido; fuentes de barniz interior rojo-pompeyano; tacitas de cuerpo agallonado; morteros y tapaderas de diver­sos tipos.

La cerámica de mesa nos viene documentada so­bre todo por recipientes de paredes finas de varia­da tipología y por jarras.

De estas últimas, tenemos jarras de un asa con boca y cuello anchos, bocales de un asa con boca ancha y cuello poco marcado, jarras de boca ancha y pico y jarras con pico trilobulado. Destaca de to­das ellas una que posee en la zona central de su cuer­po un «grafitti» que consiste en una rosácea de seis pétalos, inscrita en una circunferencia.

Esta cerámica común romana de cocina y mesa nos muestra modelos bien estudiados y cuya crono­logía va desde comienzos del siglo I hasta finales del III después de Jesucristo (VEGAS 1973; SANTROT 1979; TRUFFEAULIBRE 1980; ALARCÁO 1974, y BELTRÁN LLORIS 1978).

Son numerosos los yacimientos romanos en don­de vemos este tipo de cerámica bien representada, con diversas variantes: Caesaraugusta (BELTRÁN LLORIS, AGUAROC, MOSTALAC y SÁN­CHEZ, 1980); Pompaelo (MEZQUIRIZ DE CA­TALÁN 1978); Lacipo (PUERTAS TRICAS 1982); Cástulo (BLÁZQUEZ 1979, 240 y ss.); Complutum (FERNÁNDEZ-GALIANO 1984); Lancia (JORDÁ CERDÁ 1962); Tiermes (VARIOS, 1984); Cartuja (SERRANO RAMOS 1978, 243 y ss.); Portus Illicitanus (SÁNCHEZ FERNÁNDEZ 1983, 285 y ss.); Testar de Onda (IVES MONTMESSIN 1980, 243 y ss.); entre otros muchos que podíamos citar, ciñéndonos a la Península Ibérica.

De cerámica para guardar y transportar provi­siones tenemos también numerosos ejemplares. De la primera, poseemos ollas de borde engrosado y vuelto hacia afuera y diversos tipos de dolios. En cuanto a ánforas, podemos decir que existen dos grandes grupos.

La gran mayoría corresponde a ánforas impe­riales españolas, que se englobarían en una extensa familia que denominaremos Dressel 10-24 y que sirvieron para traer hasta nuestras cos­tas salsas de pescado de la Bética. Su cronología es amplia, abarcando los tres primeros siglos de nues­tra era (BELTRÁN LLORIS 1970, 388 y ss.).

Tenemos, sin embargo, también algunos ejem­plares del tipo Dressel I, con sus tres variantes A, B y C, destinados al transporte de vi­nos itálicos y cuya cronología va desde el siglo II antes de Jesucristo hasta el tiempo de Augusto (LAMBOGLIA 1955, 241-270).

Poseemos dos marcas de alfarero: LHOR y TSP. Son muy abundantes los remates o puntas de ánfora que tienen «grafitti» de motivos geométricos o de letras mayúsculas.

Por último, podemos señalar que fueron muy numerosos los «pondus» o pesas de telar que se han localizado en este yacimiento, llegando a rebasar los cincuenta ejemplares. Existe una variada tipología que no se aparta de las ya conocidas en otros yaci­mientos (FATAS 1967, 203 y ss., por ejemplo).

Finalmente, para concluir este amplio apartado sobre la cerámica romana del Castro de Vigo, diremos que se recogieron abundantes tégulas e ímbrices, destacando una tégula que posee en su zona cen­tral una gran perforación, posiblemente destinada a facilitar la salida del humo procedente del hogar del interior de la vivienda. El paralelo más cercano que hemos encontrado a esta peculiar pieza lo po­seemos en Conímbriga y se fecha en período augusteo (MOUTINHO DE ALARCÁO y SALETE DA PONTE 1984, 240).

Nota.- En las imágenes, de arriba hacia abajo tenemos: la "tégula" con orificio central; un reciente de cerámica de tradición lusa, denominda "de cinzenta fina"; y un dibujo a escala de una jarra y fuentes. Destaca la jarra, con el "grafitti" de la rosácea inscripta en un círculo, motivo que podemos ver en las estelas funerarias, datables tres siglos posteriores.