domingo, 2 de febrero de 2014

EL CASTRO DE VIGO: ESTADO ACTUAL DE LAS INVESTIGACIONES (VI)



 
 El Castro de Vigo: análisis del yacimiento
 Historia de la investigación
Los primeros hallazgos arqueológicos en el castro de Vigo datan de 1928. Se trata de descubrimientos accidentales, con motivo de la plantación de árboles en la zona NE de la cima del monte (HIDALGO, 1983). A partir de la localización de estos primeros indicios, la Diputación Provincial de Pontevedra designó una Comisión para que elaborase un informe sobre los restos y su posible relevancia científica. Se encargaron de esta investigación los reputados intelectuales A. Losada Diéguez, F. López Cuevillas y J. Filgueira Valverde, colaborando en la misma Castelao como dibujante.
En este momento, los materiales procedentes de los primeros hallazgos fortuitos se encontraban dispersos en diferentes instituciones de carácter público o privado, como  el Instituto Nacional de Vigo, el Ateneo de Vigo, el Colegio de los Padres Jesuitas, el Colegio de los Hermanos Maristas o la colección particular de D. Agustín Tenreiro Mulder, con lo que estos primeros investigadores del castro de Vigo veían dificultado su estudio sistemático.
En 1929 visita el yacimiento el prestigioso prehistoriador Hugo Obermaier, realizando una pequeña prospección en la que detecta nuevos materiales y estructuras. Algunos años más tarde, en 1941, el estudioso vigués Pedro Díaz recogió en la vertiente oriental del yacimiento algunos restos arqueológicos más, depositados en un museo escolar del Colegio Mazquita de Vigo, y en el Museo Provincial de Pontevedra- aumentando la expectación ante las posibilidades del castro.
En la década siguiente se inician las excavaciones en el monte –campaña de 1952- bajo la dirección de J. M. Álvarez Blázquez, el Delegado local de Excavaciones por aquel entonces. Esta primera excavación se localiza en la falda NO del monte, que va a ser el área que se continúe excavando en las sucesivas campañas arqueológicas de este yacimiento vigués. A finales de la década de los 60, de forma paralela a las excavaciones, investigadores como el ya citado Pedro Díaz van estudiando los materiales.
En 1970 se inicia otra campaña de excavación, continuando los descubrimientos de construcciones castreñas, muros y materiales. Desde la primera campaña de 1952 y durante la década de los 70, se sumará al proyecto de investigación Ángel Ilarri Gimeno, el Conservador del Museo Municipal “Quiñones de León”, dando así comienzo la estrecha vinculación que unirá al museo con la investigación arqueológica del Monte del Castro en los años sucesivos.
En 1981 se reanudan las excavaciones, esta vez mediante el método de excavación en área, comenzando la fase de estudio más sistemática del yacimiento. Se ocupa ya del castro el Departamento de Arqueología del museo citado. Desde esta fecha, el director de las diferentes campañas será José Manuel Hidalgo Cuñarro, autor de la mayoría de las publicaciones científicas que en relación al castro se pueden consultar hoy en día. Como ya indicábamos en la introducción, a él tenemos que agradecerle personalmente la privilegiada visita guiada que nos permitió conocer el yacimiento “in situ” y comprender de forma más completa las intervenciones desarrolladas anualmente entre 1981 y 1985.
Las campañas dirigidas por Hidalgo Cuñarro nacieron con el objetivo de limpiar y consolidar las estructuras ya desenterradas, a la vez que se realizaban una serie de cortes para intentar establecer una secuencia estratigráfica. Se comenzó a excavar la ladera Noroeste, en la zona adyacente a las llevadas a cabo anteriormente. En 1982, se unieron las dos zonas, que estaban separadas por un espacio de unos 22 metros desde la campaña de 1981. Fruto de estos años, se descubrieron unas 45 estructuras pétreas y una ingente cantidad de material, tanto cerámico, como de bronce o de hierro (HIDALGO, DOMÍNGUEZ y RODRÍGUEZ, 1997). La estratigrafía presentó los niveles de ocupación mencionados en la contextualización del yacimiento, con cronologías desde el siglo II a.C. hasta finales del siglo III d.C.
Durante los años 1987 y 1988 se llevaron a cabo cerca de 100 sondeos por toda la superficie del monte, en especial en la zona alta y la ladera Este, para detectar por dónde se extendía el yacimiento y evaluar las condiciones en las que se encontraba. Surgió en este momento la hipótesis de que la extensión del poblado abarcaría originalmente la cima del monte, ocupando progresivamente las laderas a medida que crecía la población (HIDALGO, 1999 A).
Desde 1988, año de las últimas actividades arqueológicas en el Castro de Vigo, se dará un proceso continuo de degradación de su entorno, aproximándose poco a poco a la pésima situación de conservación que lo caracteriza en la actualidad, de la que hablaremos más adelante.